Sincronía total.


Yo te pertenezco como tú me perteneces; emociones a un nivel espiritual. Tener sexo no es lo mismo que hacer el amor, así como justamente lo hacemos tú y yo. Sabemos lo que queremos antes de siquiera decirlo. Nuestra desnudez nunca fue una sorpresa, tampoco un desafío, más bien un sueño consumado; no pensamos en compartirnos con nada ni con nadie, no hay quien pueda estorbarnos. Nosotros no somos como los demás, porque esto es de verdad. Un amor que se

Nuestra desnudez nunca fue una sorpresa, tampoco un desafío, más bien un sueño consumado; no pensamos en compartirnos con nada ni con nadie, no hay quien pueda estorbarnos. Nosotros no somos como los demás, porque esto es de verdad. Un amor que se solidificó desde el primer roce de nuestros cuerpos sincronizados.

Estamos perdidos en esto que hemos decidido llamar amor. Estamos conectados mentalmente a través de un sexto sentido indescriptible. Conocemos nuestras fortalezas y debilidades, las carencias y los límites; nuestras posiciones favoritas que tienen una asombrosa sincronía, instintos que surgen sin siquiera musitar palabra; sin manifestar el deseo explícito de lo que queremos. Existe entre los dos una total entrega a la hora de hacer el amor. Conocemos los trucos de la realidad que estamos viviendo, y a pesar del tiempo seguimos innovando. No existe la aburrida rutina de lo mismo de siempre; fluye la creatividad del qué y cómo proceder para calentarnos mutuamente. Sabes tocar los puntos débiles de mí cuerpo, solo tú desarmas este enorme caparazón de pasión y fuego con toda el alma; siempre sabes lo que quiero. Amo el sexo después de la reconciliación contigo, y la atención que prestas cuando me haces enojar buscando el perdón a toda costa.

Tengo la certeza de que si esto acaba, y aunque estemos con otros amores, nunca será igual, porque nadie podrá vislumbrar el nivel sexual que alcanzamos los dos, con este deseo imparable.

Trío…


Ésta experiencia no es sólo una fantasía que me atormentaba, no era algo con lo que sólo soñaba cada noche, pero no podía evitar el tener que masturbarme al ver a mis dos nuevos vecinos de la planta baja de donde vivo, ésto es algo que me palpitaba en todo momento, era un deseo constante, no lo podía sacar de mi cabeza, no es solamente un morbo que me atraía, es como conexión entre mi ser y mi otra yo!

Es como un demonio desde lo más profundo del infierno…. tanta imaginación de como sería estar con dos hombres a la vez, me fascinaba, me volvía loca, sentía fuego correr por mis venas, quería que ellos calmaran a la bestia que hay en mí, pensaba cada noche como me sentiría estar entre ambos brazos, sintiendo el calor de sus cuerpos, sentir como me penetraban sin piedad alguna y de solo pensarlo, humedezco son tan solo tocarme…

Mi sueño, mi ilusión, toda la pasión, la furia y el fuego a ellos también los arropó, nuestros cuerpos solo pedían mas, yo quería jugar este juego, jugar a ser la victima, todo se dió como yo quise, como mujer tengo el don de manipular, los manipule a mi antojo, tuve a dos bestia devorándome con furia, fuego, pasión y con odio, querían destrozarme, dejarme débil, pero cuando creían que ganaban yo me reía de ellos y eso los enojaba aún más y volvían como mas fuerzas, ellos no podían creer que pareciendo ser una mujer tan débil, era tan frívola, tan malvada, logre que ellos tuvieran una competencia entre si, y yo obtuve lo que quise.

Estimula mi mente.


Es increíble que a pesar del tiempo que ha pasado y de las tantas malas experiencias que he tenido en el amor, que creí que jamás volvería a tener ese interés, esa necesidad, el cómo desde la primera vez que lo vi sentir un corrientazo justo en el clitoris, ese hombre despertó lo que creí no volvería a sentir. Su voz me cosquillea en el oído, ¡coño!, cada palabra suya me causa escalofríos y un calor pasional se apodera de mí, siento las hormonas alborotarse. Ese hombre me hace mojar bochornosamente, cuando lo tengo en frente no sé qué hacer o dejar, sólo sé que me siento a su disposición sexual absoluta. Él me estimula la mente de tal manera que en cualquier momento me sorprendo pensando en él como una boba a su merced, en como me hace el amor, no sé qué tiene él que no sale de mi cabeza, ha creado en mí una adicción de tal manera que cuando pienso en él puedo sentir como mi vagina vibra y fluje de deseo. 

Mi orquídea feliz.


Tocaste sutilmente, y mi orquídea se abrió.

La acariciaste y se humedeció,

de adentro hacia afuera.

Esta vez con más fuerza.

No se debilitó.

Tiene vida propia, pero tu dedo la motivaba,

la hacías feliz.

Un hormigueo la invadió,

tú no te apartabas, querías sacar su néctar y beberlo,

yo no quería que se derramara.

No quería que dejaras nada.

Lamiste suavemente el dulzor de mi flor, y ella ilusionada se regó.

Estabas feliz, te emocionaste, querías seguir tocándola, y fue cuando te la regalé.

Quiero verla así de feliz, siempre.

Así como lo has hecho hasta ahora.

El amor de nuestra vida.


Todos tenemos el falso concepto de que “el amor de nuestra vida” es esa persona por la que nos desvivimos todo el tiempo, esa para la que no existimos, no importamos, esa para la cuál nuestra ausencia es un placer.

Todo creemos que ese amor debe de hacernos sufrir porque de “eso se trata el amor”, de la capacidad de soportar el dolor, la indiferencia, etc…

Pero olvidamos lo más importante y es que nunca logramos ver quién es en realidad ese verdadero amor, esa persona que siempre está ahí para nosotros, que nos soporta nuestro mal humor, que nos apoya y nos brindan aliento, que nos levantan y nos ayudan a seguir viendo el norte en la vida.

Olvidamos que el concepto erróneo que tenemos del amor es sólo: loca pasión sexual, pura atracción y nada más.

Eres la razón.


“Tú eres la razón de que éstos pensamientos perversos me quemen constantemente,

eres quien ha desatado mis demonios lascivos,

sedientos de tu sexo,

como un lobo en luna llena,

me vuelves loca de deseo, aumentas mi pasión,

no puedo dormir sin pensar en ti primero,

sin tocarme en tu nombre,

vivo en éste infierno que sólo tú enciendes y calmas,

quiero que veas a mi sexo derramarse en tu nombre.”

Con él.


Él me vuelve loca,

me envuelve en emociones que antes desconocía.

Amo las tardes con él,

su voz en mi oído susurrándome cosas que me erizan la piel,

el fuego que siente mi cuerpo cuando me toca,

la guerra en mi vientre.

Amo cómo me conquista con su mirada,

me llena de una paz única de la que no logro escapar.

El sabor de sus labios,

la sensación cuando calienta mi alma con sus besos,

sentir cómo ilumina mi vida con su sonrisa,

la felicidad infinita que siento al estar con él,

me enamora profundamente.

Quisiera que se quedara para siempre aquí, conmigo,

que florezcan dentro de mí sus semillas,

amo como me besa la vida cuando estoy con él.

Los colores que me ha hecho descubrir.

Él es el hombre con quien quiero envejecer.

Música.


Escucho esas viejas canciones que con sus bellas letras me hacen sentir lo que aún no he sentido,

y otras que transmiten ese sentimiento que con dolor viajan por el mundo atravesando corazones,

comunicándose con otros corazones que han pasado por el mismo fracaso,

unos más que otros,

las escucho y entiendo el dolor que les aprisiona,

que les golpea en el pecho,

hasta el alma misma,

eso que se queda en el presente y viaja a través del tiempo.

“Santo” y “Pecadora.”


“Hoy, como cada día, me encuentras un nuevo defecto, vienes siempre con la típica crítica de que ya no te gusta lo que antes te volvía loco.

Hoy, como cada día, creas un nuevo conflicto y como siempre terminas tú con la última palabra, “amenazándome” con la frase de que le dirás alguién para que venga a castigarme y a decirme que todo es mi culpa porque sí.

Qué le dirás alguién que si no has tenido sexo en mucho tiempo es porque estoy de “puta” con otro y que por eso “dejé de atraerte sexualmente”.

Sé muy bien que te vendes como el señor “Santo” y a mí como a la “Pecadora”, la serpiente que siempre te quiere envenenar.

Sé que dices que soy malagradecida y que me quejo de tu miserable “amor” el cual hace tiempo que murió con tu machismo al creer que no me cansaría de ti jamás.

Hoy, tengo menos ganas de saber de ti, porque tú has sido quién ha llevado todo ésto hasta éste punto, porque no tienes la capacidad de ver tus propios errores, porque ya he perdido la cuenta de tus mentiras, de tu inmenso deseo de mantenerme rota, que sólo sabes inspirarme al suicidio, ese que no cometeré para hacerte feliz, que ya hace tiempo no quiero tu maldito y tóxico amor, que ya no seguiré ocultando tus defectos con la pobre esperanza de que alguien más pueda verlos, porque ya ha sido suficiente veneno y ya no quiero seguir sacrificandome en vano por ti.”

Explotaste en mí.


Fue otra noche de sexo,

nos entregamos como siempre,

sin pensar en nada más,

como debe ser.

Durante nuestro ritual nuestras mentes iban en función de unir nuestros cuerpos.

Las ganas evidenciaban el fuego que salía desde adentro.

Se palpaba en el aire la enérgica entrega del uno hacia el otro.

Para mí, eso es amarse.

Después de “castigarme” durante un prolongado rato,

culminamos con una de las cosas que más le gusta, sexo oral.

Estaba tremendamente excitado,

ya no podía resistirlo.

Sus temblores eran la confirmación de mi acertada acción,

su placer iba en aumento,

y sin más espera explotó dentro de mi boca.

Estaba hecho un río,

me bañó toda,

nos miramos, nos reímos…