La muerte.


Caí en cama de algo que los doctores no pudieron determinar.

Una noche encontré un hombre vestido de negro, cada vez que abría los ojos, él estaba allí, hacía pocos movimientos y no abandonaba el cuarto. No podía verle la cara. Todo me parecía un sueño. Sentía el peso de su mirada en mí, aunque no podía verle los ojos sabía que me miraba enfermizamente.

Agonizaba en mi cama, sin consuelo alguno, los días y las noches se me hacían cada vez más largos, tediosos, eternos y el dolor se agudizaba aún más, no tenía idea de cuánto dolor podía llegar a soportar mi pequeño cuerpo. Muchas noches tuve terrores nocturnos, de que algo sin rostro me llevaba a las profundidades de un abismo del cual salían voces escalofriantes, y en otros prontos había un silencio terrorífico, ensordecedor, sentía mucho frío y calor alternados.

Despertaba gritando a mitad de la noche, mi hermana estaba tan preocupada, creía que ya me había vuelto loca, estaba confundida porque ella sabía que yo soy de mente lúcida, ella sabe que odio hablar tonterías, ella sabe que odio las mentiras, y eso la tenía mal, me imagino que pensaba en si todo lo que le había dicho hasta entonces era verdad o sólo una fea pesadilla, ella tenía miedo de las cosas que le decía. Mi madre, ella sí que no dudó en buscarme un psiquiatra que me ayudara, pero no pudo ayudarme, el psiquiatra le dijo que lo que me pasaba no era algo psicológico ni creía que fuese diabólico, sino simplemente inexplicable.

Tantas veces vi a éste hombre en la esquina más de mi cuarto, siempre riéndose del espectáculo que yo daba, quería primero desgastar me lentamente, de manera que yo no tuviera remedio alguno. Una noche, vino el padre de la Iglesia ha exorcizarme, se sorprendió a tal punto que se fue, cuando le dije que el hombre me decía que eso solo funciona con demonios y seres débiles, no con un ser como él.

Era molesto, me quejé varias veces, siempre lo hacía a todo aquel que entraba a ayudarme a comer. Preguntaba qué hacía ese hombre en mi habitación. Me miraban y decían que por los medicamentos estaba teniendo alucinaciones.

Era como una sombra, se sentaba en mi cama, justo cuando intentaba dormir un poco, solo podía verlo de noche. Por unos segundos creía que no volvería a ver su imagen, creyendo estar en paz, cuando lograba cerrar los ojos, lo escuchaba reír, con una risa burlona, algo completamente indeseable. En otras ocasiones pude sentir su respiración, sentí escalofríos, era una sensación azarosamente agobiante.

Muchas veces deseé que eso me quitara la vida, para que dejara de mortificarme, también pensé en que quizás su objetivo era que yo misma cometiera suicidio.

Hubo noches en que lo encontraba cerca de mí, agachado, cual madre contempla a su hijo dormir, me susurraba cosas que no entendía, gritaba lo más fuerte que podía, él se aleja justo cuando entraban, aunque no se iba, pues solo yo lo veía. Lloré tantas veces. Mi familia estaba muy preocupada, me citaron con psicólogos, pero no tenía indicios de enfermedad mental, tampoco podía decirles sobre lo que veía, al menos no cansarlos con ello.

En la tarde de antes de ayer me tocó, justo cuando entró mi hermana, me vio cómo temblaba. Me ericé, lloré desesperadamente. Ella se acercó y me preguntó qué me pasaba, entre lágrimas y con voz carrasposa, le dije que el hombre del que siempre le había hablado me tocó y tenía las manos frías, tan frías que sentía que me quemaba, que por eso me asusté y grité.

Mi hermana casi siempre percibió un fuerte olor a flores y cosas viejas. Me dijo que antes de anoche tuve una pesadilla, y que gritaba que lo sacara, me dijo que se asustó mucho y lloró. Le dije que no era una pesadilla, que era tan real como ella, pero que ella no podía verlo, solo yo lamentablemente o por fortuna.

La última noche que él vino, se sentó más cerca de mí, en la oscuridad del cuarto, con la poca luz que entraba por la ventana que daba a la calle, pude verlo hojear un libro enorme, y decía nombres de personas que conocía y que habían fallecidos hace tiempo. Se reía, decía que era mi turno de partir. Ya se había cansado de jugar conmigo. Pude hablarle y me escuchó, le dije que si él era la muerte por qué no andaba con una oz y una bata, me dijo que eso lo dicen los que no han vivido la experiencia de la muerte. Le pregunté por qué era tan injusto, me dijo que no era sobre ser justo o no, ese era su trabajo desde hace milenios, que era indiferente de quien se trataba, que él simplemente se lo llevaba y ya.

Pronunció mi nombre completo, y lo anotó. Recuerdo que desmayé, después de eso, desperté aquí, en este lugar tan extraño y sombrío, veo gente distraída. No sé cómo llegué, he intentado hablar con algunos de ellos, pero no escuchan, este lugar es agobiante, tétrico, muerto, nebuloso, creo que no podré volver…

FIN

Todo se vuelve a repetir.


“Ella, es su bolsa de golpes, él, su salvador violento, lleno de ira, que le dara lo que nadie puede darle, él es el “único” que “pudo” fijarse en ella, porque “nadie más la querría”, él es totalmente irracional, el cual se alimenta su ego llamándose campeón tras cada golpe.

Mientras ella cuelga del techo que él le brinda, recibiendo golpes día tras día, ella resistiéndose a morir y él no sólo la golpea, sino que también la humilla, la menosprecia, la escupe, le insulta, la obliga a decirle un “te amo” lleno de odio, la viola y le provoca abortos, en otros tantos le pide hijos, todos los que él quiera, a los cuales mantiene cerca para que vean como él la golpea, los golpes a ellos también, les inculca la violencia y el miedo a él.

En otros tantos sólo deja de golpearla para descansar, para que ella lo atienda, ya que él es el rey de la casa, ahí es cuando ella recupera la esperanza, pensando que al tratarlo bien, él cambiará, olvidando que como siempre todo se vuelve a repetir…”

A toda costa.


“Lo importante era tener a su lado a un sujeto de perfil dominante, que la representara, no importa si es un matrimonio sin amor, de esos que se compran con dinero. A leguas se veía que ni la riqueza que poseía desdibujaba la amargura de su rostro, todo por esa necesidad tan abrumadora de que debe tener un esposo, por la inseguridad de todos, sin importarle a nadie la felicidad de ella, porque todos decían que su logro más grande sería tener a un hombre a su lado a toda costa, mientras que era ella quién pagaba con lágrimas noche tras noche esa decisión, ella era la única que sufría por no saber decir “NO”.

Ella.


“Pobre mujer, que por su belleza le fue arrebatado todo lo que tenía, ya no podía volver a respirar el aire libre, encerrada en un espacio donde apenas podía respirar malamente, ella sin saber pagará una deuda que no debe, por una cobarde, miserable sin honor. Ella será enterrada entre cuatro paredes por ser pobre y por haber sido la mujer más bella, de la que todos los hombres se enamoraron, sólo por su belleza inigualable.

La envidia le arrebató la felicidad ahora sufre la desgracia de haber sido la más bella, aquella que era amada aún en la distancia, sueño de toda mujer, fue parte de su desgracia. A ella no le interesa el dinero que le ofrecían sus enamorados, la envidia de muchas que querían ser igual de bellas que ella.

Durante su encierro había amenazado con quitarse la vida, como un modo de ser libre.

Pobre mujer, le quitaron su libertad, le prohibieron tomar el aire libre, ya no pudo volver a ver el sol. Poco a poco, entendió que la maldad no tiene límites, que nadie la escucharía en ese pequeño y mugriento espacio, pero con el tiempo fue perdiendo su esencia humana y su cordura, su alma estaba destrozada, desgastada, fragmentada.

La invadió la locura que suele acompañar en encierro injustificado y ruin. El mundo que ahora habitaba, sus pensamientos llegaron a ser cada vez más sombríos, ya no se distinguía, sus pensamientos la habían transformado en lo que hoy es, algo más allá que una mujer en ruinas.

Sus sentidos por un tiempo llegaron a engañarla, haciéndole creer que algún día sería libre, pero su fantasía se convirtió en parte de su pesadilla, su mente se convirtió en la peor prisión, o en la constructora de un monstruo.

Con el tiempo el ángel se transformó, haciendo de su verdugo un maestro, que le daba falsas esperanzas, que alimentaban su desesperación y mataban sus sueños. Presa, sin nada que esperar, llegó a sentirse orgullosa a pesar de su desgracia, llegó a pedirle a Dios el poder cobrar venganza, pero sus pensamientos la llevaron a pensar diferente. Su vida, ahora sombría se había llenado de rabia extasiada que le cubría todo lo que una vez fue humanidad, humildad, en algo oscuro de futuro incierto y de un final lejos de Dios.

Todo lo que la hacía humana desapareció, sus ojos se tornaron oscuros, llenos de misterio, es increíble como la injusticia convierte a una mujer en un monstruo. Con el alma desierta como no se puede imaginar, su bondad se desvanecía.

Le siguió pidiendo a Dios que le permitiera cobrar venganza, pero él dejó de escucharla, ha visto su oscuridad. Y el tiempo ha pasado y todo ha muerto en Ella, los pensamientos invaden su mente casi a punto de estallar, sus ojos destellan lo que parece fuego, se volvía cada vez más sombría. Luego entendió que la crueldad sería peor castigo que la muerte…”

Lo prohibido.


Pensando en aquella noche, me pregunto ¿Cómo pudo pasar eso?, pero ¡demonios! ¿Qué podía hacer? Él estaba ahí, él fue a mi habitación, como lo había hecho unas noches antes sin éxito, pero ésta vez lo logró, yo tenía miedo de que algo pasará entre él y yo, y que su esposa lo encontrara sobre mí. No voy a negar que él es un hombre deseable sexualmente, es atractivo y ella es una mujer elegante, yo soy una chica pobre con poca educación, sin su clase.

Pero el hombre es una bestia y eso es algo que no todas las mujeres entienden que muchas veces no es la mujer que provoca, que el hombre toma lo que quiere sin pedir permiso. No voy a negar que lo deseaba, pero tenía mucho que perder, sabía que no saldría bien parada si yo me dejaba llevar de mis deseos, pero esa noche precisamente esa noche, yo estaba ovulando, mis hormonas eran un total desastre.

Ellos por separado tenía reunión de negocios en sus respectivos empleos, confieso que dentro de mí en mi estado de total desorden hormonal desee que se devolviera y me tomara. sacudí la cabeza para eliminar ese perverso deseo de tener lo ajeno.

Me sentía mal de mis deseos, su esposa al considerarme que no era rival para ella, era buena conmigo. Cuando ella no estaba cerca, él se insinuaba, yo lo ignoraba lo más que podía, él para mí era todo una tentación.

Llegué a sentirme mal por desearlo una y otra vez, a veces no podía dejar de mirarlo discretamente sin que él se diera cuenta de que yo lo deseaba. Me preguntaban siempre por mi novio, yo no tenía, pero era mejor mentir, decir que estaba enamorada de ese alguien que no existía.

Nunca le demostré interés, quizás eso lo motivó aún más, él vino a mí esa noche, creí estar sola, bebí vino tinto y me encerré en mi habitación, con las luces apagadas, estaba pensando en él, de pronto escucho que se abre la puerta, me levanté de golpe, ahí estaba él, como si fuera un sueño, pero no lo era. Se quitó la corbata, se acercó a mí, diciendo que me deseaba, me besó fuertemente, me desvistió con agilidad, me tumbó sobre la cama, me hizo el amor, haciendo sentir deseada…”

Te esperé.


“Te esperé durante muchos años, creyendo que volverías porque guardaba la esperanza.

Te esperé casi sin fuerzas porque ya las canas hicieron presencia, muchos me rogaban que me rindiera, que ya no tenía caso ni razón, hasta mis enemigos entre burlas me lo aconsejaban, yo como siempre no las escuchaba.
Perdí el sueño y sólo contigo soñaba, sintiendo este amor que duele en el pecho, sin verte cruzar mi puerta, enamorada, frustrada, con hambre de amarte, de tenerte. Muchos se alejaron de mí por mi falta de juicio, por egoísmo y estupidez.

Los días de lluvia aprovecho para llorar, tu no vuelves, mientras yo aquí por ti me perdí del baile, de la música, de la vida y del amor…”

Arrepentido.


Así volverás deseando que las cosas malas del pasado nunca las hubieras hecho, o que de pronto la nube de la amnesia colectiva se apodere de todo aquel que te conoce. Volverás sintiendo ese enorme peso sobre tus hombros deseando que alguien sienta lástima por ti y te ayude, te perdone y te puedas sentir redimido, pero tú en el fondo sabes que eres alguien sin remedio, un elfo del infierno, que nunca cambia para bien, un triste ser que nunca ha sabido hacer algo que no sea ventajoso para alguien más que no seas tú. Esa es tú realidad y no importa cuán arrepentido de tus actos digas que estás, en ti nunca será 100% real.

Nunca más.


Volverás a mí, de la manera típica y absurda como saben hacer los hombres con flores y peluches, diciendo que soy el amor de tu vida.

Volverás a mí pidiendo que te perdone, que te arrepientes que te diste cuenta de cometiste un error, que aprendiste una lección.

Y sé que si cometo el error de perdonarte y aceptar que vuelvas a entrar a mi vida, harás lo mismo una y otra vez, porque nunca cambiaras y yo no pretendo estar siempre llorando de pique y respirando profundo y esperándote a deshoras sabiendo que no llegarás a la hora que deberías.

Tampoco quiero vivir más disgustos, ni descubrir el eterno engaño, con una diferente y que tu pretendas que lo acepte cómo algo anormal, cómo si me lo mereciera, sabiendo tú que no eres el hombre que merezco, y yo, yo no seré esa clase de mujer que tú crees que soy, porque tú no mereces tanto y me demostrarte que yo merezco alguien mil veces mejor.