Autosabotaje.


“Engaños y mentiras que se acumulan, mientes tanto que llegas a creerte ese mundo, esa mentira que poco a poco fuiste creando. Así empieza el autosabotaje.

Y ya no encuentras salida, mientes y mientes y cada vez más te hundes en tus falsedades, con la estúpida idea de que los demás van a creerte y a perdonarte eternamente.

Y así poco a poco tu vida se destruye,
lo sientes como te carcome por dentro, y aun así no paras, sientes que te pudres, pero sigues, todo para ti pierde sentido y valor, la gente en tu vida se aparta de ti y tú pierdes el control de tu propia vida.”

Su Rey.


Todo empezó cuando ella se quitó su corona y se la dio a él, llamándolo su Rey, desde entonces él empezó a humillarla, a maltratarla, la consideraba su esclava, su alfombra.
Ella se olvidó de su amor propio, dejó de existir para sí misma, sólo existía para él, todo por haberle dado el poder, por haberle inflado el ego.
Ella olvidó lo grande que en realidad ella es, él se ocupó en hacerla desaparecer en alma…

Víctima de una fantasía.


“Me mantiene atada a la cama, y cada vez que lo desea tira de las cadenas, hiriendome, estoy cansada de todo esto, ya no creo estar asustada como al principio, sólo estoy muy cansada de todo esto.
¿Por qué no me mata de una vez?

¡Y así ya no me quejaré, qué es lo que desea!, pero disfruta tanto de mi cuerpo como de mis gritos, de mis quejidos, de todo mi maldito sufrimiento, lo disfruta más cuando le digo que me duele, creo que sabe que lo odio, que lo aborrezco, sé que me droga para poseerme, golpea fuerte mi sexo con el suyo, que es grande para mí, me duele, me lastima.

A veces quiero relajar mi mente a ver si así no duele, pero mi cuerpo se niega a él, no lo quiero dentro de mí, es tan salvaje y fogoso, me deja desorientada de tanto sexo.

Caí en esta trampa por estúpida por dejarme llevar de las apariencias, nadie se imaginaría que un hombre con su físico sea un enfermo sexual en bajo perfil.
Le gusta dominar a su víctima, me ha hecho cosas en contra de mi voluntad. A veces no puedo creer que tuve fantasías de ser atada y poseída, pero no así, esto es una pesadilla.”

Mi cuerpo grita.


“Eres la causa de esos pensamientos
que me atormentan, eres quien desata mis demonios, como al lobo lo atrae la luna llena, se torna insoportable el fuego de mi deseo por ti, aumenta mi delirio, mi desesperación por ti, no puedo dormir, vivo en este infierno que sólo tú enciendes y calmas, quiero que veas a mi cuerpo gritar.”

Syrup de fresas.


Me amarraste a la cama, dejándome completamente desnuda, boca arriba y comenzaste derramando sobre mi cuerpo syrup de fresas, acariciando con tus manos cada rincón de mi pequeño cuerpo, mis senos, mis piernas hasta llegar a mi cintura, apretándola firmemente.
Luego bajaste hacia mis piernas y las besabas con lentitud, sin dejar de mirarme fijamente para ver mis reacciones, luego separaste mis piernas y te arrodillaste frente a ellas, las acariciaste de arriba hacia abajo, derramaste un poco de syrup llevándolo hasta mi sexo, lo dulce suele picar un poco, así que pasaste la lengua rápidamente por mis muslos, subiendo hacia mi sexo deseoso de ti, lamiste y chupaste con delicadeza el syrup de mi clítoris y con tu dedo mayor lo estimulaste como si leyeras mi mente, fue divino y desesperante.

Causaste que mi piel se erizara en un instante, luego decidiste lamer el syrup que habías regado en mi abdomen y mis senos, eso me pareció torturador, pensé que te habías olvidado de mi clítoris, pero volviste a bajar haciéndome dibujar una sonrisa.

Lo lamiste tan suave y rico, mientras con tus manos apretabas con firmeza mis pezones, mi vagina se fue humedeciendo terriblemente, tu me volviste masturbar con tu dedo asesino, eres violento, agresivo con mi clítoris, me lo pones sensible a tu gusto, luego me masturbas con tu pene, rozándome con él, mientras tu cuerpo se va ubicando encima del mío, yo no me muevo, soy tu esclava, tu sumisa, no tengo control de mi cuerpo contigo y comienzo a besarme el cuello y a pasarme la lengua, comienzo a mover mis caderas contra tu sexo, deseo ser penetrada, pero me mortificas, lo prolongas hasta que de un grito de desesperación, hasta que pida que me penetres, deseas que te suplique, lo hago por unos segundos y luego bajas lento y suavemente contra mi cuerpo, por fin te siento dentro, siento el alivio a tanta desesperación, se me escapan gemidos de placer

Derrochando amor.


“Nos abrazamos como si de eso dependiera nuestra vida, nos envolvemos en un abrazo, así acurrucados, pecho contra pecho, piel contra piel, nos defendemos de la melancolía, del desamor, del engaño. Nos quedamos así largo rato, impregnando en el otro el amor.
Cuerpos que derrochan amor entre sí, que sueñan despiertos para no dejar escapar lo que se pueda llevar el cerrar los ojos. Así nos quedamos hasta quedarnos dormidos brindándole el calor a nuestros cuerpos para tener reservas para cuando haga frío.”

El amor que respiro.


“Ahora ya no puedo seguir viviendo así, me he convertido en nada sin ti. Alejarme de ti es como alejarme de mí misma porque eres sólo tú por quién mi corazón llora y ríe, tú eres mi vida, lo que me da la paz y el sufrimiento, mi amor eres sólo tú.
No sé que es lo que me pasa contigo, esto no puede ser simplemente amor, porque no puedo sacarte de mi vida ni un instante…
Vivo por ti cada día, tú eres la razón que le da sentido a mi vida, quiero darte cada momento de mi vida. No hay un momento en que no piense en ti, es éste amor lo que respiro.”

Truco del amor.


“Siento la necesidad de olvidarte, tanto lo he querido, pero aún a pesar del tiempo transcurrido no he podido, éste intentar no me ayuda, te pienso más cada día, estoy maldita creo, por tu maldito desamor que no me deja olvidarte.
No sé cuando empezó mi enfermizo amor por ti, creo que mi corazón no se cansa de sufrir, llora, no te olvida.

No sé porque se ama más cuando no se es correspondido, maldito truco del amor que sólo sabe hacer sufrir. Sé que maldecirte y negar éste amor no me ayuda a olvidarte, porque a la vez siento que me apuñalo el corazón al decir lo que sé que no siento. “

En mi mente eras tú, lo juro.


“Cuando me dejaste, me sentí terriblememte herida, tanto así que me dispuse a olvidarte rápidamente con otro, se parecía a ti, no importa que no fuera en la estatura, o color de piel, entre otras tantas cosas que no eres o no tienes, pero para mí él eras tú, porque es contigo con quién quería estar, te lo juro.

Estuviste todo el tiempo en mi mente, fue como se me hizo fácil estar con él, pero maldición tú no estabas allí, no eras tú, no era tu cuerpo, pero en mi mente sí lo eras, eso lo hacía soportable, gracias a Dios que no duramos mucho. Me sentí sucia, que me engañaba a mi misma, ese es el sentimiento más terrible que he llegado a sentir, porque no lo hacía porque quisiera estar con otro, lo hacía por despecho, como una especie de venganza, como si fuera la forma más rápida de olvidar.

Te pensé a cada instante, lloré, se sentía tn amargo, tan vacío, sin sentido, él no se dió cuenta, eso lo habría ofendido muchísimo,
él me dijo lo que sentía por mí esa noche, y yo sólo pensaba en ti.

Él me preguntó que sentía por él, le dije que no sentía nada, creo que vio en mis ojos mis sentimientos por ti y después de esa noche se fue lejos, paulatinamente cambió conmigo, ya no quiero utilizarlo como refugio, pero él siempre está disponible para mi a pesar de que sabe que no lo quiero y que a ti es a quien amo, no sé si puedas perdonarme, yo aún no me perdono.”